miércoles, 2 de abril de 2014

“El sabor de la amargura… sabe a hiel y sabe a sal…”

Por: Bartolo Boyer Otaño


 Carta de mi baúl

“El sabor de la amargura… sabe a hiel y sabe a sal…”, Es como buscar una salida, donde no hay alternativa (…), y morir, sin escapar… donde  yace la mentira: y sin prueba, ni testigo, alguien alega y te dice: ¡mire usted, qué lo sentimos…! Pero su caso, es fatal; son cosas que perimieron… hablando en buen vulgar… esos resultados, de los análisis adulterados (…), y sin nombre de a quien entregar  son cosas ya del pasado, hágase usted un favor, y ya no moleste más…
 
 Es como si no existiera el lado opuesto del sujeto, en lo que a veces llaman: algo así como oración… acción o movimiento, está muerto  ese concepto… son como hojas secas, de un árbol que muere en primavera… por la falta de las lágrimas caídas, de las nubes ausentes, en el infinito del espacio y su esplendor…
   
 “El sabor de la amargura… sabe a hiel y sabe a sal…”
 “El sabor de la amargura… sabe a hiel y sabe a sal…”
  “El sabor de la amargura… sabe a hiel y sabe a sal…”
 “El sabor de la amargura… sabe a hiel y sabe a sal…”                  

Es como fumarse un “pachuche”; ¡Quita esa cara de idiota…! Que marihuana no es; pues los puros son cubanos (…), y tienen precio mayor: no es un lujo, ni un placer, es la materia prima de una rara exportación…que burla todo lo estricto… bloqueo e impedimento, en su comercio exterior… y el orgullo de los cubanos… sigue siempre al vapor…

¡Se escucha un llanto! Pero nadie quiere escuchar… alguien tiende las manos… pero nadie quiere trepar… las voluntades existen… pero nadie tiene las fuerzas, para sus brazos levantar… todos saben de donde vienen… pero no a donde van… está cansada, y muy sedienta, de cabalgar y cabalgar…

Es demasiado para mí… ya no soporto más… ¡no sé si resistiré…! Creo que llegaré cuando ya tu no estés…cada día, se multiplica el dolor; y mis consuelos es la llama que arde en mi pobre corazón…sigue muda y no habla, no se atreve  a replicar… está muriendo por dentro… y su llanto, ¡y su canto! nadie, ¡nadie!  Lo puede escuchar… hablando mueren las notas… y sus cantos, en el tiempo morirán…

Sabe a hiel y sabe a sal…                     

     

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